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Nueva moda del delito: así operan las bandas porteñas que roban autos clásicos y los venden a miles de dólares en Internet
Grupos de delincuentes buscan modelos de más de 40 años como Ford Falcon o Torino que valen como un cero kilómetro y le cambian la “identidad” a los vehículos. Qué revelaron las investigaciones de la división Sustracción de Automotores de la Policía de la Ciudad
Martín Candalaft
20 de Julio de 2021
Francisco estaba en la cocina de su casa de Parque Chacabuco cuando escuchó ruidos en la vereda, extraños para un martes al mediodía. Al asomarse por la ventana, el jubilado de 91 años vio cómo un delincuente se llevaba su Ford Falcon Deluxe modelo 77. Intentó correrlos pero fue en vano, su reliquia invaluable, esa que lo acompañó durante décadas, se alejaba lentamente en manos desconocidas. La Policía de la Ciudad cree que detrás de este robo cometido la semana pasada, y de los de otros autos clásicos que con frecuencia se roban en la Ciudad y en el Conurbano, funciona un aceitado andamiaje delictivo que tiene por objetivo robarse desde Ford Falcon hasta Torino, para después cambiarles los números de serie, restaurarlos y venderlos por miles de dólares en Internet.
“Ponete por un segundo en la cabeza de ladrones como estos. Entre un auto moderno y uno clásico, siempre es más fácil robar el viejo porque, por lo general, no tienen alarma ni seguridad electrónica. Por otra parte, en los autos nuevos el número de chasis, que es como el DNI del vehículo, viene escondido y es difícil de modificar, en cambio en un auto viejo esa identificación está a la vista. Y si, encima, podés venderlos por mucha plata es un negocio redondo”, afirma un veterano investigador que señala a Infobae el funcionamiento de este tipo de bandas. Además agrega que cada vez con más frecuencia se realizan allanamientos donde se encuentran con autopartes de autos de más de 40 años.
Según distintas investigaciones, la cadena delictiva comienza con el robo del vehículo mismo, el paso esencial. Por lo general el ataque es cometido por un solo delincuente, con conocimientos de mecánica y munido de una herramienta, tipo ganzúa, que en la jerga se conoce como “yuga”. Puede ser, por ejemplo, un cuchillo de cocina tipo serrucho pero totalmente limado con el que fuerzan la cerradura. Una vez adentro, desarman la parte de abajo del volante para “puntear” el arranque y llevarse el coche.
“Después llega lo más importante, que es el cambio de identidad del vehículo. Para poder venderlo hay que modificarle el número de chasis y el de motor para que se convierta en un auto ‘distinto’ al robado. Todo eso se hace en galpones clandestinos que tiene la fachada de talleres de restauración”, explica una fuente al tanto de la dinámica.
¿Qué números les insertan? Se puede emplear, por ejemplo, el de algún auto del mismo modelo chocado o ya oxidado, pero con papeles al día, que compraron por pocos pesos en el mercado negro especialmente para la estafa.
Los números identificatorios en este tipo de autos están prácticamente a la vista con sólo abrir el baúl o el capot. Además están grabados originalmente a mano alzada por lo que los tapan y los vuelven a reescribir sin problemas, lo que lo convierte en vehículo distinto. “Una vez que terminan eso ya tienen más de la mitad del trabajo hecho”, explican desde la policía.
Los desarmaderos clandestinos donde esta clase de autos son desguazados o modificados suelen ser un dolor de cabeza para la Policía. En más de un procedimiento se encuentran con los dueños de esos lugares que dicen ser “restauradores” y, cómo las autopartes están sin numerar por su antigüedad, no son una prueba fehaciente en su contra.
Con este escollo se encontró la Policía de la Ciudad hace algunas semanas cuando allanaron un galpón en la zona de Barracas, sobre la calle Caseros. “Pudimos secuestrarle las autopartes que tenía pero no pudimos clausurarle el lugar por lo que al día de hoy sigue trabajando”, explican investigadores.
Una vez que el vehículo en cuestión tiene alterada su identidad, sólo queda restaurarlo o refaccionarlo para venderlo por Internet. Los papeles no son un problema: utilizan los del vehículo del mismo modelo que compraron para la estafa. La víctima verá que el auto está en buen estado y que coinciden los documentos con los números de identificación grabados por los delincuentes.
No es necesario bucear demasiado en los sitios de comercio online para encontrar autos clásicos en buen estado de conservación, que cuestan más que un 0km. Por ejemplo, se puede conseguir un Torino modelo TS del año 72 a U$S15.800 o un Ford Falcon Deluxe de 1977, como el que le robaron a Francisco de Parque Chacabuco, por U$S 18.300.
El último operativo de trascendencia contra este tipo de bandas se realizó hace pocos días cuando la División Sustracción de Automotores de la policía porteña detectó en redes sociales que se comercializaban autopartes de manera ilegal en un domicilio de la calle Tres Arroyo al 1400, en Caballito. Cuando realizaron el allanamiento, en el galpón lindero se encontraron con autos desarmados y decenas de autopartes. Una de las puertas secuestradas tenía un impacto de bala.
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Re: cuidado con los toros-
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El hurto de automóviles fabricados hace más de tres décadas se incrementó en forma notable y preocupante, para su posterior desguace y venta de autopartes, a precios exorbitantes. Razón por la cual, sus dueños no recuperan lo que ellos consideran su fiel compañero de ruta.El último 11 de julio, en la zona porteña de Parque Chacabuco, José Francisco Mileo sufrió el robo de su Ford Falcón, modelo 1977. En aquella oportunidad, el hombre se dirigió en su vehículo hacía una estación de gas cercana. Justamente allí, Mileo sospecha que comenzó su calvario puesto que, según su versión, “creo que el ladrón se me metió por la parte de atrás, porque el playero tenía cara de asustado”. Posteriormente regresó a su casa, y al descender del rodado, observa como este parte a toda marcha, conducido por el ladrón. Es por dicha inmediatez, que la víctima afirmó que el malviviente se escondió en el asiento trasero. Al hacer referencia al lamentable episodio, el damnificado consideró que “me lo robaron por el solo hecho que era un auto de colección”.El Ford Falcón estaba valuado en 700.000 pesos, afirmó su dueño, y no contaba con seguro para robos dado que “no hay cobertura para autos viejos. Existe una especial, por la que te cobran una barbaridad para un jubilado como yo”. En consecuencia, dos semanas después, Mileo no tiene conocimiento preciso del destino de su auto. Al respecto, él reveló que “algunos me llamaron diciendo que lo vieron en Laferrere, por la Ruta 21. El jueves, mi esposa viendo por TV el crimen de Martín Almirón -ocurrido el pasado lunes en Rafael Castillo- advirtió un coche muy similar a la escena del crimen”.
Cuánto cuesta un auto clásico en la Argentina
El revés padecido por José es una clara muestra de una tendencia creciente, potenciada por la crucial razón de que no se fabrican más. En este sentido, Sergio Frascaroli, coleccionista de autos antiguos y clásicos, enfatizó que “han quedado muy pocos en cantidad, y tienen un valor de mercado muy importante, dependiendo de su estado de conservación”. A su vez, Eduardo Nolazco, Presidente del Rambler Car Club Argentina, detalló que “el robo de autos es continuo. Son muchos más sencillos de abrir porque no tiene cierre centralizado ni sistema de alarma. Lo abren con una ganzúa, o le sacan el cable de arranque y luego lo remolcan con una grúa”.
Es por este factor que las marcas clásicas como Ford, Torino, Dodge y Chevrolet Chevy alcanzan valores millonarios, en pesos, y son las más codiciadas. En el mercado automotor, un Torino Gs o un Torino 380W asciende a los 60.000 dólares, y un Lutteral Comahue llega a los 40.000 dólares. Cifras equivalentes a una vivienda.No obstante, no constituyen una obsesión de los delincuentes por su costo de venta, sino por sus partes, que son complejas de conseguir en el mercado, dado que tampoco se fabrican, y resulta casi imposible importarlas. En referencia a ello, Nolazco precisó que “un carburador, una óptica por ejemplo, valen mucho dinero y las vías digitales favorecieron su venta. Sumado a que en la Argentina no se consiguen”.
El valor de los autos clásicos está en las piezas difíciles de conseguir
Los autos clásicos se caracterizan por detalles particulares en su carrocería, que facilita identificarlos en la vía pública. Es por eso, que Fabio Ameghino, dueño de Studio Tailing, un centro de estética automotor, que restaura vehículos, enfatizó que “es muy difícil venderlos, porque toca la calle y lo conocen por todos lados, ya que el universo del vehículo clásico es muy chico”.
Aunque no resulte creíble, en las exposiciones de automóviles, modelos 1960, 1970 y 1980, se producen robos de autopartes, aprovechando un descuido del dueño. Las cuales luego se venden por las aplicaciones de venta on line.
No obstante, para quienes son propietarios de estos rodados hay un valor infinitamente superior al monetario. En este sentido, Ameghino dejo en claro que “estos autos no tienen precio, tienen valor porque es el auto de un familiar o aprendió a manejar con ese auto”. En la misma línea, Nolazco manifestó que “hay algo que no se paga, que son los afectos”. Por su parte, José Mileo, catorce días después del robo de su Ford Falcón, confesó que “viví momentos inolvidables con mi coche”.Pero poco les importa a quienes sustraen sus autos, ese fiel compañero de cuatro ruedas que al caer en manos ajenas no tiene otro destino que un taller clandestino. “Nunca se recuperan, no conozco un auto que haya sido reintegrado a su dueño”, informó Frascaroli. Por lo tanto, los posibles damnificados establecen redes de búsqueda propia, a través de grupos de WhatsApp, para encontrar el vehículo robado. No obstante, la principal solución a este flagelo radica, para Fabio Ameghino, en “no comprar autopartes robadas, aunque a la gente poco le interesa la procedencia".
El hurto de automóviles fabricados hace más de tres décadas se incrementó en forma notable y preocupante, para su posterior desguace y venta de autopartes, a precios exorbitantes. Razón por la cual, sus dueños no recuperan lo que ellos consideran su fiel compañero de ruta.El último 11 de julio, en la zona porteña de Parque Chacabuco, José Francisco Mileo sufrió el robo de su Ford Falcón, modelo 1977. En aquella oportunidad, el hombre se dirigió en su vehículo hacía una estación de gas cercana. Justamente allí, Mileo sospecha que comenzó su calvario puesto que, según su versión, “creo que el ladrón se me metió por la parte de atrás, porque el playero tenía cara de asustado”. Posteriormente regresó a su casa, y al descender del rodado, observa como este parte a toda marcha, conducido por el ladrón. Es por dicha inmediatez, que la víctima afirmó que el malviviente se escondió en el asiento trasero. Al hacer referencia al lamentable episodio, el damnificado consideró que “me lo robaron por el solo hecho que era un auto de colección”.El Ford Falcón estaba valuado en 700.000 pesos, afirmó su dueño, y no contaba con seguro para robos dado que “no hay cobertura para autos viejos. Existe una especial, por la que te cobran una barbaridad para un jubilado como yo”. En consecuencia, dos semanas después, Mileo no tiene conocimiento preciso del destino de su auto. Al respecto, él reveló que “algunos me llamaron diciendo que lo vieron en Laferrere, por la Ruta 21. El jueves, mi esposa viendo por TV el crimen de Martín Almirón -ocurrido el pasado lunes en Rafael Castillo- advirtió un coche muy similar a la escena del crimen”.
Cuánto cuesta un auto clásico en la Argentina
El revés padecido por José es una clara muestra de una tendencia creciente, potenciada por la crucial razón de que no se fabrican más. En este sentido, Sergio Frascaroli, coleccionista de autos antiguos y clásicos, enfatizó que “han quedado muy pocos en cantidad, y tienen un valor de mercado muy importante, dependiendo de su estado de conservación”. A su vez, Eduardo Nolazco, Presidente del Rambler Car Club Argentina, detalló que “el robo de autos es continuo. Son muchos más sencillos de abrir porque no tiene cierre centralizado ni sistema de alarma. Lo abren con una ganzúa, o le sacan el cable de arranque y luego lo remolcan con una grúa”.
Es por este factor que las marcas clásicas como Ford, Torino, Dodge y Chevrolet Chevy alcanzan valores millonarios, en pesos, y son las más codiciadas. En el mercado automotor, un Torino Gs o un Torino 380W asciende a los 60.000 dólares, y un Lutteral Comahue llega a los 40.000 dólares. Cifras equivalentes a una vivienda.No obstante, no constituyen una obsesión de los delincuentes por su costo de venta, sino por sus partes, que son complejas de conseguir en el mercado, dado que tampoco se fabrican, y resulta casi imposible importarlas. En referencia a ello, Nolazco precisó que “un carburador, una óptica por ejemplo, valen mucho dinero y las vías digitales favorecieron su venta. Sumado a que en la Argentina no se consiguen”.
El valor de los autos clásicos está en las piezas difíciles de conseguir
Los autos clásicos se caracterizan por detalles particulares en su carrocería, que facilita identificarlos en la vía pública. Es por eso, que Fabio Ameghino, dueño de Studio Tailing, un centro de estética automotor, que restaura vehículos, enfatizó que “es muy difícil venderlos, porque toca la calle y lo conocen por todos lados, ya que el universo del vehículo clásico es muy chico”.
Aunque no resulte creíble, en las exposiciones de automóviles, modelos 1960, 1970 y 1980, se producen robos de autopartes, aprovechando un descuido del dueño. Las cuales luego se venden por las aplicaciones de venta on line.
No obstante, para quienes son propietarios de estos rodados hay un valor infinitamente superior al monetario. En este sentido, Ameghino dejo en claro que “estos autos no tienen precio, tienen valor porque es el auto de un familiar o aprendió a manejar con ese auto”. En la misma línea, Nolazco manifestó que “hay algo que no se paga, que son los afectos”. Por su parte, José Mileo, catorce días después del robo de su Ford Falcón, confesó que “viví momentos inolvidables con mi coche”.Pero poco les importa a quienes sustraen sus autos, ese fiel compañero de cuatro ruedas que al caer en manos ajenas no tiene otro destino que un taller clandestino. “Nunca se recuperan, no conozco un auto que haya sido reintegrado a su dueño”, informó Frascaroli. Por lo tanto, los posibles damnificados establecen redes de búsqueda propia, a través de grupos de WhatsApp, para encontrar el vehículo robado. No obstante, la principal solución a este flagelo radica, para Fabio Ameghino, en “no comprar autopartes robadas, aunque a la gente poco le interesa la procedencia".


