No falleció un tipo más. Don Omar WILKE dejó su sello perenne en el mundo del automovilismo argentino. Trabajó desde muy joven en la vieja General Motors, donde supo hacer travesuras y que sus motores fueron más veloces y efectivos que los del mítico Ingeniero JOSEPH. Pero lo mejor de Omar WILKE, quizá no lo diga nadie. Omar fue
maestro, y de su taller supieron salir infinidad de tipos que luego fueron exitosos en diversas categorías nacionales y zonales. Omar les enseñó los secretos del desarrollo de motores. Alguna vez tuve contacto con él, a través de un amigo mío, y discípulo suyo, Orlando TORINOTTI. Yo tenía una leva desarrollada en su taller. Deja un gran vacío, difícil de llenar, mucho más en un automovilismo actual que camino a la desaparición con infinidad de categorías monomarcas que no generan atractivo en el público, ni mucho menos en las terminales.
Ojalá las próximas generaciones tengan otro WILKE, que generosamente transmita sus conocimientos a sus discípulos.
Que
En
Paz
Descanses, Omar.

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